jueves, 14 de julio de 2011

Cansancio

"I’ll miss the playgrounds and the animals and digging up worms
I’ll miss the comfort of my mother and the weight of the world
I’ll miss my sister, miss my father, miss my dog and my home
Yeah, I’ll miss the boredom and the freedom and the time spent alone. 

We’ll choke on our vomit and that will be the end
We're fated to pretend" 

MGMT - Time to pretend


Y aquí estamos otra vez. Pasa, hasta el fondo, sin miedo. El corazón ya se me salía por la boca y  solo tú sabes controlar eso. Y con tu cara burlona entras hasta la cocina. Paciencia es lo único que necesitas, porque sabes que por muchas veces que te cierre la puerta en las narices, acabo volviendo a ti.

Con poner la vela sobre la mesa ya siento la carne abrirse. Te extiendo el brazo y te metes en mis ojos mientras me quemas la sangre. Dolor. Y mi mente se sumerge, ahogándose placenteramente unos instantes…largos y maravillosos.

Me miro la mano y muevo los dedos. No siento nada y una sonrisa gilipollas se me dibuja en la cara. Por unos momentos mi cabeza se vacía de gente y de sentimientos, dejándome a solas con mi estupidez.

Y por la mañana todo igual; me vuelvo a poner la máscara y en el brazo oculto la marca, una cicatriz fresca sobre una vieja…para recordarme que siempre seré tuya.

A.

domingo, 3 de julio de 2011

A solas

“Hey! Mr. Tambourine Man, play a song for me
I’m not sleepy and there is no place I’m going to
Hey! Mr. Tambourine Man, play a song for me
In the jingle jangle morning I’ll come followin’ you

Then take me disappearin’ through the smoke rings of my mind
Down the foggy ruins of time, far past the frozen leaves
The haunted, frightened trees, out to the windy beach
Far from the twisted reach of crazy sorrow
Yes, to dance beneath the diamond sky with one hand waving free
Silhouetted by the sea, circled by the circus sands
With all memory and fate driven deep beneath the waves


Let me forget about today until tomorrow”

Bob Dylan - Mr Tambourine Man
  

Abrió la botella y la dejó sobre la mesa, se sentó y sobre sus brazos apoyó la cabeza observando el líquido parduzco. Esta noche beberé, me emborracharé hasta perder el sentido; porque no hay nadie para vaciar la botella conmigo, porque tú no estás para impedírmelo. Un trago, hormigueo; dos tragos, relajación; tres tragos, entumecimiento.

Hacía tiempo que su hombre de la pandereta no le tocaba una canción. Desde que ella había vuelto a su vida no le había hecho falta recurrir a esa embriagadora música que tanto echaba de menos en este momento.

Ella nunca la había entendido, ni tan siquiera estaba muy segura de que hubiese, alguna vez, querido entenderla. Eres débil, se limitaba a hacerle ver; y eso la hacía algo más fuerte.

Ahora ella ya no estaba; y lo único que deseaba era poder tener una pandereta cualquiera cerca que aplacase sus pensamientos. Quizás aquella pandereta que formaba parte de su pasado…su primera pandereta, de esas que dejan cicatrices y duelen hasta en la razón. Esa pandereta que le había prometido no volver a tocar...

La botella se fue vaciando poco a poco, solo sentía su respiración y el frío mármol de la mesa en la cara; ya no sabía muy bien donde tenía los brazos, aunque el alma le seguía pesando. Ojala sea feliz, pensó, ojala lo sea por las dos.

Y la canción de Bob Dylan sonaba por enésima vez cuando sus ojos se fueron cerrando poco a poco, entre recuerdos de lo que fue, lo que podría haber sido, y visiones de lo que será.

A.

jueves, 30 de junio de 2011

Estrecho

Suena el teléfono, levanto las piernas y recorro a oscuras el camino hasta el escritorio, aún con los ojos cerrados; palpo hasta encontrar el aparato, descolgándolo. Buenos días, guardia. Cuelgo y me meto en el baño desprendiéndome de la camiseta. Abro la ducha y me pongo debajo para despejar; miro al suelo; el agua se va por el desagüe en un perfecto remolino, sin vaivenes. Día tranquilo. Salgo a medio secar y medio dormida, me visto, pantalón, polo, jersey (aún hace frío al amanecer); agarro las llaves y subo al puente.

Es de noche, saludo y nadie contesta; los radares están encendidos, las puertas de los alerones abiertas (por las que entra un viento frio de mil demonios); la mar una balsa de aceite. Me acerco a las pantallas y veo uno, dos, tres…¿qué narices es eso? Varios puntos a nuestro alrededor, apenas a un cable de distancia. Agarro los prismáticos camino del alerón de estribor; oficial y marinero están allí.

Los tres mirando, los tres viendo un punto flotante que podría ser cualquier cosa; la calima del amanecer y el sol que va saliendo por la popa no ayudan en absoluto; el barco va pasando, y los bultos quedando atrás. “Estrecho de Gibraltar”, los tres sabemos lo que puede ser, pero nadie lo nombra, no, eso sería mal fario.

La mañana se abre camino y el turno cambia mientras los puntos en el radar se suceden, cada vez más distantes, cada vez más desperdigados. Diviso algo que pasa casi rozándonos el casco, miro con los prismáticos y no quiero creer lo que mis ojos ven; aviso al superior, cuando llega ya está por la popa, guarda silencio mientras mira, durante unos segundos eternos; un madero. Yo callo, él calla. Volvemos a entrar y pasamos en silencio las siguientes cuatro horas. El “madero” no se movía…no tenía vida; pero yo sabía y él sabía que no era un madero.

Tres días después amarramos en las Canarias, ponemos las noticias mientras comemos (ya que solo disfrutábamos de televisión española cada dos semanas). Dos cayucos llegan a las costas de Almería, un tercero se hunde en medio del estrecho con cerca de 70 ocupantes a bordo. Nadie levanta la vista del plato, nadie habla, nadie dice nada; el día pasa entre grúas y trabajo; la vida a bordo sigue y al día siguiente zarpamos.

Desde entonces, cada vez que íbamos a cruzar el estrecho, esperaba junto a la impresora, rogando a los dioses por un mal parte de tiempo y mar. Nunca más volvimos a hablar de aquello, nunca más volví a hablar de aquello, y nunca antes, había reconocido que aquel madero que vimos, no era en realidad un madero, sino un cuerpo sin vida flotando boca abajo…que me acompaña cada vez que cierro los ojos y recuerdo aquel amanecer de cielo despejado y mar en calma, en las aguas del Estrecho.

A.

miércoles, 29 de junio de 2011

Wassail!

"Aún cuando haya pasado por todo lo que pasé, no me arrepiento de los problemas en que me metí, porque fueron ellos los que me condujeron hasta donde deseé llegar. Ahora, todo lo que tengo es esta espada, y la entrego a cualquiera que desee seguir su peregrinación. Llevo conmigo las marcas y las cicatrices de los combates; ellas son testimonio de lo que viví, y recompensas de lo que conquisté.

Son estas marcas y cicatrices queridas las que me abrirán las puertas del Paraíso. Hubo una época en la que viví escuchando historias de hazañas. Hubo otras épocas en que viví simplemente porque necesitaba vivir. Pero ahora vivo porque soy un guerrero y porque quiero un día estar en la compañía de aquel por quien tanto luché."

John Bunyan 

sábado, 11 de junio de 2011

Anochecer

Desconecto. Me tumbo; el cansancio me invade, pero no es cansancio físico, ojalá lo fuese. Quiero que el día termine. Me giro, miro al techo escuchando el "tic-tac" del reloj. Y entonces me vuelven a asaltar las ganas de ir a ese lugar una vez más.

Dolor . Que fantástico sentimiento; proceso químico, animal, que borra de nuestra mente cualquier otra cosa. Focalización, paz, tranquilidad. Parece mentira que tan maravillosas sensaciones estén asociadas al dolor físico en mi cabeza; resulta curioso, extraño, inquietante, estúpido en definitiva.

Incomprendidos. Quien quiera entender que entienda, y quien no, que más da.

Estiro la mano hasta la mesilla; ¿no es gracioso como nuestro día empieza igual que acaba? Apago. Oscuridad. ¿Paz, silencio? No, inquietud, "tic-tac". Duermete. Me acurruco, me encojo, tengo los pies fríos, tardaré en caer. Duermete, seguro que mañana es mejor...sí, soñar es gratis. Dulces sueños.

A.